Cómo no ser un terrorista emocional con tu pareja

El terrorista emocional provoca en su víctima un estado de incertidumbre y pavor que genera un deterioro de su salud mental, con cuadros de estrés, ansiedad y depresión.

17 enero 2024 ·
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Foto vía Unsplash

El mundo mira horrorizado la destrucción de la salud mental que se cierne sobre nuestras cabezas. Horror ante una pandemia de terror psicosocial. Como profundos ingenuos sin saber qué hacer ante una tormenta que nos empuja hacia el abismo. Alarmados por una profunda enfermedad social que rompe vidas y de la que no nos damos cuenta de que los enemigos somos nosotros mismos. Evaporamos almas como si fueran gotas de agua. Hablamos sin pensar, sin pararnos a analizar la respuesta emocional que puede sufrir la persona que tenemos en frente. Damos lecciones de respeto y empatía, como si nosotros no tuviéramos a nuestras espaldas una mochila cargada de mierda.

Toda relación social genera respuesta emocional. La de parejas, amigos, familiares, compañeros de universidad, las relaciones laborales. Y cada persona con la que nos topamos está luchando una batalla contra sí misma. Su comportamiento también dependerá, entre otros, de si va ganando o no esa batalla. El tacto, la manera en la que nos comuniquemos con las y los nuestros, será la clave de ser o no un terrorista emocional.

El comportamiento de una persona también depende de si va ganando o no la batalla contra sí misma.

El terrorismo, en sentido amplio del término, es cualquier acto, colectivo o individual, que, mediante el uso de la fuerza, pretende incidir en la vida pública para lograr determinados objetivos políticos de carácter extremista a través de la instauración de un estado de terror y miedo, precedido de una o varias acciones violentas. Si pretendemos poner fin a la pandemia de salud mental, cualquier acción que dañe o deteriore la salud mental de un simple individuo debe considerarse un asunto público – político –. O colectivizamos el dolor o no habrá nada que salvar.

El terrorista emocional hace un uso explícito de la crueldad, sin importar el daño o perjuicio que pueda causar, que en ocasiones es, incluso, intencional. Causa en su víctima un estado de incertidumbre y pavor que genera un progresivo deterioro de su salud mental, manifestándose en el tiempo con cuadros de estrés, ansiedad y depresión.

Caer en los sesgos del terrorista emocional no es difícil cuando hemos sido educados en una sociedad disfuncional donde se prima el individualismo exacerbado y el egoísmo depredador. La comunicación es el antídoto para sanar y cuidar las relaciones que quieres. Construir un espacio seguro, afectivo y comunicativo es clave para enfrentar los fantasmas que hay fuera. Establecer la posición, la claridad del estado de las cosas y de la relación. Interesarse por la importancia de la óptica del otro, de su posición y sus anhelos. La importancia de buscar, guardar y cuidar el equilibrio. Toda relación es un proceso de negociación y toda negociación requiere cesiones.

La comunicación afectiva como antídoto para cuidar las relaciones que quieres.

La seguridad en lo que uno quiere evitará los riesgos futuros de arrepentimiento y el daño inminente en las otras/os. Pero no siempre hay seguridad. Y eso no es malo. Reflexionar consigo misma para buscarla. Comunicar la inseguridad o seguridad, la incertidumbre o la claridad evitará los comportamientos lesivos que deterioran en el tiempo y entrar en la etiqueta del terrorista emocional. Ser conscientes de que nuestros actos conllevan consecuencias y responsabilidades. Nadie está a salvo de pecar, pero al menos podemos intentar hacer las cosas mejor. Nadie está a salvo del dolor, pero ahí solo nos queda la esperanza.

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