Pocas cosas me han acompañado tanto en la vida como la música. Y entre todos los artistas, si hay uno que ha dejado huella en mi historia personal, ese es Dellafuente.
El pasado 20 y 21 de junio, el artista ofreció dos conciertos inolvidables en los que puso punto y aparte a una etapa clave de su carrera musical. Dos noches cargadas de emoción, talento y una puesta en escena espectacular, que marcaron el cierre de un ciclo para uno de los referentes más singulares del panorama nacional.
Un inicio simbólico: agua, danza y raíces andalusíes
El show se dividió en cuatro partes diferenciadas. La primera giraba en torno al agua, un elemento que, en la cultura árabe, simboliza la vida, la pureza y tiene una profunda relevancia en la arquitectura, la estética y el arte.
El escenario, diseñado en forma de estrella andalusí de ocho puntas, incluía fuentes en el centro que evocaban el esplendor de la tradición nazarí. Más allá de una escenografía impresionante, el espectáculo se completaba con un cuerpo de bailarines y bailarinas cuya caracterización —desde mi punto de vista— fue sencillamente espectacular. Todo ello elevó la puesta en escena a un nivel sobresaliente.
Durante este primer segmento, Dellafuente interpretó 14 de sus canciones más recientes, marcando un inicio de concierto potente, simbólico y visualmente impactante. En esta parte del show compartió escenario con artistas de renombre como Judeline, Lia Kali y el dúo Pepe: Vizio, generando momentos de gran emoción y conexión con el público.
Y sí, abrimos el melón: a todos nos dolió que no apareciera C. Tangana para cantar Guerra.
Fuego: el giro inesperado y la gran sorpresa del concierto
Aquí comenzó el segundo segmento del show, y para mí fue la mayor sorpresa de la noche. La primera vez que vi a Dellafuente fue en una pequeña sala en Jerez de la Frontera, donde no éramos más de 50 personas. Como ya comenté, su música me ha acompañado durante toda mi vida, y he vivido cada una de sus etapas. Sin embargo, nunca había tenido la oportunidad de ver en directo Taifa Yallah.
La interpretación de 400 Demonios fue casi una experiencia religiosa, algo digno de haber sido sacado de la mismísima Biblia. El contraste fuego-agua generó una atmósfera cargada de simbolismo, aportando un giro total a la narrativa del espectáculo y a la música en directo. Y, como si no fuera suficiente, empezó a llover, lo que añadió una capa de magia difícil de describir.
Esta no fue la única canción de Taifa Yallah que sonó esa noche: Dellafuente también interpretó Un barco, ampliando así el homenaje a una etapa musical que muchos fans llevábamos años esperando revivir en vivo.
Este segmento combinó dos temas de Taifa Yallah con otras cuatro canciones en las que también hubo espacio para las colaboraciones. Sobre el escenario aparecieron artistas de la talla de Rels B y Amore, desatando la euforia del público -soy el público-.
Luz: el corazón del espectáculo y el regreso de los clásicos
Entramos en el ecuador de este gran viaje de emociones: sonrisas, lágrimas, una kiss cam durante Romea y Julieto y un ambiente cercano, casi familiar.
Siguiendo con ese concepto de “familia”, en este segmento subió al escenario Antonio Narváez, conocido por los seguidores más veteranos como Antonio Demonio, uno de los colaboradores más simbólicos en la carrera de Dellafuente. Juntos hicieron un repaso por algunos de los clásicos del artista granadino, como A lo mejor o Lo quiero ver. Estos temas fueron reinventados en versiones techno, acompañados de un espectáculo de luces que daba la sensación de que ambos estaban encerrados dentro de un poliedro luminoso. Visualmente, fue uno de los momentos más potentes de toda la noche.
Y, para sorpresa de nadie -aunque igual de emocionante-, el show volvió a girar con la aparición estelar de Rvfv y Morad, que se unieron a Dellafuente para interpretar varios temas ante un público totalmente entregado.
Este tercer segmento cerró con un broche de oro: una versión acústica de Veneno que, además de emocionar, marcaba el inicio del final de una noche inolvidable.
¿El fin de una era?
Entramos en el crepúsculo del show... o, mejor dicho, en el final de toda una etapa para Dellafuente.
En esta última parte, el artista rindió homenaje a quienes lo han acompañado durante años: sus fans. Lo hizo interpretando canciones que marcaron época junto a su inseparable Maka —que, por desgracia, no pudo acudir— y cerrando con Consentía, una canción que muchos consideran su obra magna.
El concierto de Dellafuente fue una experiencia mágica para todos los presentes: desde los fans más veteranos, pasando por los recién llegados, hasta aquellos que solo venían acompañando a alguien. A pesar de que el sonido del estadio Metropolitano no es el mejor, el espectáculo fue redondo y no dejó a nadie indiferente.
No sabemos qué le depara el futuro, pero lo que es seguro es que seguiremos muy de cerca lo que Dellafuente decida hacer en los próximos años.
SETLIST:
1. Bailaora
2. 13 Preguntas
3. Al vacío
4. Otra noche en Granada
5. Romero Santo (con Judeline)
6. Dile
7. 13/18
8. Ayer
9. Fosforito (con Lia Kali)
10. Romea y Julieto
11. Sharila
12. Guerrera
13. Flores
14. Flores pa tu pelo
15. 400 Demonios (con Taifa Yallah)
16. Corazón de Agua (con Taifa Yallah)
17. Buenos Genes (con Rels B)
18. Sanuk sabai saduk
19. Si Te Lo Comes, Lo Crías
20. Malicia (con AMORE)
21. A lo mejor
22. Lo quiero ver
23. Lo que estoy pasando
24. Cuéntamelo
25. K alegría (con Rvfv)
26. Una Gota
27. Veneno (Acústico)
28. Manos Rotas (con Morad)
29. Te Amo Sin Límites
30. Te Como La Cara
31. Olvídame
32. Consentia
