Claudia Allmang lleva el lo-fi y el synth-pop a un terreno queer y honesto. Con 5 Mariposas a continuando un camino en el que cada show lo convierte en una fiesta lésbica donde la música es visibilidad, pertenencia y celebración. Con una voz capaz de desgarrar y acariciar a la vez, con motivo de su directo dentro del ciclo A plena llum hemos querido charla con ella.
¿Qué significó para ti actuar en A plena Llum y compartir escenario con Ana Farelo en Freedonia?
Fue la excusa perfecta para volver a tocar en vivo y juntar a mis amigas queer. Compartir escenario con Ana Farelo fue un gustazo; llenamos la sala de sáficas y eso siempre suma.
A plena Llum es un ciclo que apuesta por la independencia y la diversidad. ¿Cómo se refleja eso en tu propio proceso creativo?
Mi proceso creativo va muy de la mano de esos dos conceptos que defiende A Plena Llum. Independencia, porque siempre creo a mi manera y, por ahora, de forma autogestionada. Y diversidad, porque trabajo y me rodeo de personas distintas para crear, siempre dentro del colectivo queer.
Tus directos se han convertido casi en una fiesta lésbica y emocional. ¿Cómo construyes ese ambiente de comunidad desde la música?
Creo que ese ambiente se da porque en mis conciertos intento crear un espacio seguro y libre, donde podamos ser nosotras mismas. Mis canciones hablan de nuestras experiencias y emociones, y eso conecta mucho con el público sáfico. Además, me gusta que los directos se sientan como una celebración colectiva, no solo un show.

5 Mariposas consolidó una identidad sonora muy tuya. ¿Qué te gustaría explorar ahora en tus próximas canciones?
Ahora estoy explorando una sonoridad que recupera la energía de los clubs queer de los 80, que fueron espacios seguros para la comunidad. Mucho sinte, mucho bassline y mucho bombo a negras. Me interesa ese contraste entre lo duro y lo vulnerable: sonidos potentes, casi agresivos, que conviven con lo dulce y emocional. En lo queer hay una mochila de sufrimiento, pero también una necesidad de celebrar, de sentirnos seguras y libres y plasmar esa mezcla en mis canciones me parece muy divertido e interesante.
¿Podemos esperar un sonido distinto, más orgánico o más electrónico, en lo nuevo?
Va a ser distinto. Más duro y agresivo, pero sin perder la calidez ni la vulnerabilidad. Lo electrónico va a ganar terreno frente a lo orgánico, que quedará más presente en el proceso creativo. Así, la verdad y la naturalidad siguen estando ahí, pero el resultado será mucho más bailable, mucho más tecno.
¿Hay alguna historia o emoción concreta que estés queriendo contar en esta nueva etapa?
En esta nueva etapa estoy contando un proceso de transformación. Mis amigas, mis nuevos vínculos y conexiones (todas muy queer), me inspiran, me hacen cuestionarme mi lugar, mi identidad y todo lo que me rodea. De ahí surge la necesidad de compartir toda esa contradicción, el aprendizaje, el amor y la libertad. Esta vez siento que el proyecto toma un sentido más político, aunque sigue naciendo desde la emoción y lo personal. Quiero que las canciones transmitan tanto la oscuridad como la euforia, la vulnerabilidad y la fuerza de celebrarnos en comunidad. No se trata de ser políticamente correctas siempre, estamos constantemente (des)aprendiendo, se trata de ser empática, abrazar la contradicción, y aferrarte a la ternura para hacer comunidad. Yo, por lo menos, quiero desahogarme y expresar todo lo sentido a través de mis canciones.

- ¿Cómo equilibras lo íntimo con lo performativo cuando compones o preparas un show?
Lo íntimo siempre sobrevive en el proceso creativo, porque necesito de esa intimidad para que la emoción salga y quiera materializarse. Eso hace que, sea como sea que suene la canción, lo íntimo siempre esté ahí, reflejado. Lo performativo tiene más que ver con mis ganas de contar con el cuerpo: con mi discurso, mi expresión, el estilo de ropa con el que me sienta cómoda ese día… Son muchas capas que conviven y que considero igual de importantes. Lo íntimo y lo performativo coexiste y se retroalimenta en mi proyecto artístico.
- Si tu próxima canción fuera una ventana, ¿qué se vería a través de ella?
Sin duda, un club queer de los 80.
- ¿Qué retos tienes como artista independiente?
Mi mayor reto como artista independiente es llegar a los oídos de la gente adecuada. Tengo muy claro cuál es mi público, y lo que más me importa es poder convertirme en un referente dentro de ese público: las personas queer.
