Hablamos con Çantamarta sobre ser músicos y latinos en España

Tradición latinoamericana, producción contemporánea y una mirada sobre la identidad, la migración y la vida en los barrios.

13 julio 2026 ·
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Con La esquina + violenta, Çantamarta firma el trabajo más maduro de su trayectoria y consolida una propuesta que escapa de las etiquetas para construir un lenguaje propio, donde conviven el folclore latinoamericano, el hip hop, la electrónica y los sonidos urbanos.

El nuevo álbum, el tercero de la banda en apenas tres años, llega en un momento de plena madurez creativa para Beni, Luis y Omar. Después de proyectos como PASARELA o nomeolvides, el trío continúa utilizando la música como una herramienta para contar historias que van mucho más allá de las vivencias personales. Las canciones de La esquina + violenta ponen el foco en quienes habitan los márgenes, en las segundas generaciones, en la nostalgia, en la comunidad y en las contradicciones de una sociedad cada vez más diversa.

El disco también destaca por su ambición sonora. A lo largo de doce canciones, Çantamarta combina ritmos tradicionales latinoamericanos con una producción de contemporánea, reuniendo colaboraciones de artistas como Lil Supa, Caleb Calloway, Willie DeVille o Betsayda Machado. El resultado es un proyecto que encuentra el equilibrio entre la sensibilidad y la contundencia, entre la canción de autor y los códigos del urbano contemporáneo.

Çantamarta combina ritmos tradicionales latinoamericanos con una producción contemporánea

Con motivo del lanzamiento de La esquina + violenta, acompañamos a Çantamarta por La Elipa, uno de los barrios de Madrid que forman parte de su día a día. Entre ensayos y un pica-pollo en el Bar Las Cortezas, hablamos con ellos sobre el nuevo disco, el peso de las raíces, la identidad, la presión de las redes sociales, la diversidad que define la España actual y la importancia de seguir haciendo música sin maquillar quiénes son.

¿Dónde nos habéis traído?

A Bar Las Cortezas, un sitio que nos encanta porque, para nosotros, tiene el mejor pica-pollo de toda esta zona de Madrid.
Siempre que estamos por aquí acabamos viniendo. Ensayamos muy cerca y, cuando terminamos, ya sabéis... entra el hambre.



Para quien no lo conozca, ¿qué es el pica-pollo?

El pica-pollo es un plato muy típico de la República Dominicana y muy popular en todo el Caribe. Básicamente es pollo frito rebozado, pero preparado al estilo dominicano.

En Madrid hay muchísima comunidad dominicana y les tenemos un cariño enorme. Por eso queríamos enseñaros este sitio, porque forma parte de nuestro día a día. Nosotros solemos pedir el "pica to'", que lleva un poco de todo. Está buenísimo, muy jugoso y, después de un ensayo, entra perfecto.

¿Qué tiene este sitio para vosotros?

Más allá de la comida, es uno de esos lugares donde acabamos siempre que ensayamos. Es parte de nuestra rutina. Nos gusta enseñar sitios que realmente forman parte de nuestra vida y no lugares a los que iríamos solo porque quedan bien delante de una cámara. Al final, si queremos enseñar quiénes somos, también tenemos que enseñar los sitios en los que vivimos el día a día.

¿Cómo lleváis eso de tener que crear contenido constantemente para redes sociales siendo músicos?

Un día de ensayo es un día en el que estamos juntos, compartimos tiempo, nos reímos y pasan cosas. Ese tipo de contenido me resulta mucho más cómodo que sentarnos delante de una cámara únicamente para promocionar algo. La promoción hay que hacerla, claro, pero seguramente sea la parte del trabajo que más pereza me da.

¿Cómo convivís con esa obligación de estar generando contenido todo el tiempo?

No vamos a decir que hacer contenido esté mal, porque forma parte de nuestro trabajo, pero sí puede hacerse bastante pesado. Mientras estás componiendo una canción ya estás pensando en cómo vas a promocionarla, qué vídeo vas a grabar o qué idea puede funcionar mejor en redes sociales para que la gente llegue a escucharla.

Hoy en día todo el mundo publica música constantemente y, además, sale música buenísima todos los días. Eso hace que la exigencia sea muy alta. Es parte del juego. Igual que en cualquier otro trabajo hay tareas que no apetecen, esta es una de ellas. Nos toca asumirla.

Ahora bien, si el contenido consiste en venir con Binary a comer un buen pica-pollo y hablar tranquilamente de música, entonces la experiencia cambia completamente. Ahí sí nos lo pasamos bien porque deja de sentirse como una obligación.



Vuestro nuevo álbum tiene una conexión muy fuerte con la cultura latina. ¿Cómo nace esa idea?

El disco habla de temas que siguen estando muy presentes hoy y que, además, se repiten constantemente. Nos interesaba mucho hablar de esa mezcla de culturas que, para algunas personas, ocurre de forma completamente natural y que, para otras, todavía genera conflictos.

Hay palabras, costumbres o formas de entender el mundo que cambian según quién las diga o desde dónde se miren. Precisamente ahí aparecen conversaciones muy interesantes.

Creo que lo que ha pasado este verano con Bad Bunny en Madrid ha servido para que mucha gente tome conciencia del peso que tiene la comunidad latina en España y de cómo muchas personas encuentran en esa cultura una parte importante de su identidad. Ese también es el punto de partida del álbum.

En comparación con trabajos anteriores, sentimos que el discurso es mucho más directo. Antes quizá escribíamos desde un lugar más poético; ahora queríamos que cualquiera pudiera acercarse a las canciones con facilidad y que, después de escucharlas, se quedara pensando en lo que cuentan.

¿Sentís que este es vuestro trabajo más importante hasta la fecha?

No diríamos que sea el más importante porque cada disco representa un momento distinto de nuestra vida y del proyecto. Lo que sí sentimos es que probablemente sea el más real. Compusimos prácticamente todo el álbum en apenas tres meses y medio. Refleja exactamente lo que estábamos viviendo en ese momento, tanto en las letras como en la producción.

Muchas de las primeras tomas acabaron siendo las definitivas. Las decisiones fueron mucho más rápidas y mucho más seguras, no porque nos obligáramos a ello, sino porque después de tantos años haciendo música sentimos que hemos alcanzado una madurez que antes no teníamos.

También ha influido todo lo que hemos aprendido produciendo para otros artistas. Ese aprendizaje termina reflejándose en este disco. Es un álbum mucho más honesto, más inmediato y, sobre todo, mucho más cercano a quienes somos hoy como Çantamarta.

En este disco contáis historias que muchas veces van más allá de vuestras propias experiencias. ¿Cuándo decidisteis dar ese paso?

En realidad, es algo que ha estado presente desde el principio. Çantamarta siempre ha querido ser un puente, una forma de conectar historias y personas. Hay mucha experiencia personal en nuestras canciones, pero también hemos intentado proteger a la gente que forma parte de nuestra vida. A veces adaptar una historia hace que el mensaje sea más universal sin dejar de ser honesto.

Eso nos ha permitido hablar de vivencias que quizá no son nuestras directamente, pero sí de un primo, de un hermano, de un amigo o de alguien muy cercano. Si esa historia ha marcado la vida de alguien a quien quieres, de alguna manera también forma parte de la tuya. Lo bonito es que la poesía termina construyendo una narrativa compartida. No deja de ser sincera, pero al mismo tiempo habla de comunidad.

No queremos hacer canciones mirándonos constantemente el ombligo, sino escribir sobre realidades que tenemos cerca y que también nos atraviesan. Muchas de las historias que contamos en tercera persona pertenecen a personas que cambiaron nuestra vida. Ese sigue siendo el principal motor del proyecto.



¿Cómo influyen vuestras raíces cuando estáis lejos de casa?

Muchísimo. La identidad muchas veces se entiende mejor desde la distancia. Cuando eres pequeño convives con muchas referencias culturales sin darles demasiada importancia. Es cuando te alejas cuando aparece esa nostalgia por los pequeños detalles que, al final, son los que te han construido como persona.

Creemos que muchas personas no terminan de reafirmar sus raíces hasta que experimentan esa distancia. La música también ayuda muchísimo en ese proceso. En Çantamarta hay una mezcla de sonidos y de influencias muy natural. Nos gusta pensar que una canción puede hacer que alguien recuerde un momento de su infancia. Me parece una de las formas más bonitas que tiene la música de conectar con las personas.

¿Sentirse orgulloso del lugar del que uno viene da fuerza a la hora de crear?

Tener una identidad fuerte te da mucho poder. No creemos que nadie entienda completamente quién es, porque todos cambiamos constantemente, pero sí existen cosas que permanecen: el barrio donde creciste, las historias que escuchaste, las personas que te rodearon o las experiencias que te marcaron.

Todo eso termina convirtiéndose en tu manera de mirar el mundo y, cuando haces música desde ahí, todo suena mucho más genuino. Da igual que mañana escribamos una canción sobre un operario del metro en Suiza. Si la hacemos con sensibilidad y honestidad, seguirá siendo una canción verdadera. Eso es lo que intentamos mantener siempre.

¿Qué cambia en Çantamarta con La esquina más violenta?

El cambio principal es que ahora tenemos un discurso mucho más directo. Ya no sentimos la necesidad de adornar tanto las cosas. Preferimos poner una realidad delante del oyente y dejar que cada uno saque sus propias conclusiones.

Nos interesa generar preguntas incómodas. Que alguien escuche una canción y piense en cosas que quizá nunca se había planteado. Si eso ocurre, sentimos que la música está cumpliendo una de sus funciones.

A nivel sonoro también hay una evolución. Hemos apostado por un sonido más crudo, con más distorsión, una mayor presencia de la electrónica y una producción mucho más contundente.

¿Qué habéis descubierto durante el proceso creativo de este álbum?

Este disco nos ha demostrado que muchas veces la impulsividad también puede ser una virtud. Gran parte del álbum nació de primeras tomas, de sesiones en las que simplemente estábamos improvisando, pasándolo bien y haciendo música sin demasiadas expectativas.

Queríamos conservar esa energía inicial porque muchas veces es la más auténtica. La esquina más violenta resume muy bien esa idea: disfrutar creando con tu gente también puede llevarte a lugares muy bonitos.



¿Cómo resumiríais el momento que vive ahora Çantamarta?

Hoy nos sentimos mucho más seguros de lo que hacemos. Confiamos más en nuestras canciones y sentimos que la honestidad de la que tanto hablamos también está presente en la forma en la que vivimos el proyecto.

Por eso estamos aquí comiendo un pica-pollo. No lo hacemos para parecer cercanos; lo hacemos porque esto forma parte de nuestra vida. Podríamos haber ido a una cafetería de especialidad, que también nos gustan, pero la realidad es que este es nuestro sitio. Este es nuestro entorno y no sentimos ninguna necesidad de maquillarlo.

Queremos compartir quiénes somos de verdad, no el personaje que alguien espera encontrar.

En este disco habláis de frente sobre diversidad, identidad y convivencia. ¿Qué queréis transmitir con ese mensaje?

Sentimos que La esquina más violenta va precisamente de eso: de mirar la realidad de frente y no maquillarla. Muchas veces otras personas cuentan historias sobre nosotros o hablan en nuestro nombre. Nosotros preferimos hacerlo desde nuestra propia voz.

Cuando escuchas proyectos como el nuestro, o como tantos otros que están naciendo en Madrid, entiendes que esta ciudad y este país ya son profundamente diversos. Puedes ir a un concierto de Bad Bunny o venir a vernos a nosotros y encontrarte con esa misma realidad: la de un país formado por personas de muchísimos lugares distintos.

Los dominicanos llevan décadas construyendo barrios como este, igual que los venezolanos, colombianos, ecuatorianos o la gente llegada del Magreb y del África subsahariana. España ya es un país enormemente diverso. A veces parece que todavía cuesta asumirlo, pero esa diversidad es precisamente una de sus mayores riquezas. Queremos que el disco hable sin filtros. No pretende esconder nada. Solo queremos celebrar esa realidad y contarla con honestidad.

Muchas de vuestras canciones hablan también del paso del tiempo. ¿Cómo convivís con esa presión constante?

Vivimos dentro de una industria que parece exigir que estés haciendo algo todo el tiempo. Mientras publicas una canción ya tienes que estar pensando en la siguiente. Mientras la promocionas en TikTok, ya estás preparando otro lanzamiento.

Nuestra generación vive con una capacidad de atención muy fragmentada. Estamos constantemente deslizando el dedo por una pantalla y todo parece durar apenas unos segundos. Por eso valoramos tanto momentos como este. Sentarnos a comer un pica-pollo, hablar tranquilos y estar realmente presentes.

También creemos que es importante escucharse a uno mismo. Si el cuerpo te pide parar, hay que permitirse hacerlo. No pasa absolutamente nada por bajar el ritmo. Nosotros acabamos de hacer un disco en tres meses, sí, pero porque en ese momento era lo que nos pedía el cuerpo, no porque alguien nos obligara.

¿Esa presión cambia cuando vais cumpliendo años o avanzando en vuestra carrera?

Claro que la sientes. Al final, todo pasa muy deprisa y lo verdaderamente importante son los momentos que compartes con la gente que quieres. Cuando consigues verlo así, muchas de esas prisas empiezan a perder sentido.



¿Con qué sensación os quedáis después de hacer un disco como La esquina más violenta?

Hemos confirmado que queremos seguir haciendo música que provoque preguntas. Nos interesa que alguien escuche una canción y salga de ella pensando distinto, aunque solo sea un poco.

Ese tipo de conversación es una de las razones por las que hacemos música. Este álbum también nos ha recordado que la creatividad nace muchas veces del juego, de juntarte con tus amigos, improvisar y disfrutar del proceso. Las mejores ideas aparecen cuando dejas de intentar controlarlo todo y simplemente creas.

Para terminar, ¿qué os gustaría que la gente entendiera después de escuchar este disco?

Que somos exactamente las personas que aparecen aquí. Hoy estamos comiendo un pica-pollo en La Elipa porque este es nuestro barrio, nuestra realidad y la forma en la que vivimos.

No sentimos la necesidad de disfrazar quiénes somos para encajar en ninguna imagen. La esquina más violenta habla precisamente de eso: de mirar de frente, de aceptar la realidad y de entender que España ya es un país profundamente diverso.

Esa diversidad no debería dar miedo; debería celebrarse. Si nuestras canciones ayudan a que alguien mire esa realidad desde otro lugar, aunque solo sea durante unos minutos, sentiremos que todo este trabajo habrá merecido la pena.

Mientras tanto, seguiremos haciendo música de la misma manera en la que vivimos: con honestidad, con nuestra gente y, siempre que se pueda, alrededor de un buen pica-pollo.

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