El techno ya no es nicho, es el sonido de una generación. Ya lo adelantó Fátima Hajji con su icónico: "Techno is our style". Las salas más importantes del país han pasado a ser festivales con cabezas de cartel todas las semanas. El techno ha dejado de ser algo casual: la cultura raver se disfruta cuando el cuerpo lo pide. Y si eres de los que mezclan, los artistas urbanos del momento ya han sacado los BPM a relucir.
Lo que comenzó en los 80 como unos ritmos incomprendidos en Detroit ha marcado a las últimas generaciones. Jeff Mills rompió la industria con temas como The Bells y España bailó al ritmo de la makina. La electrónica llegó a través de Europa y aquí encontró su propia forma. Madrid, Barcelona, Valencia, la Ruta Norte o el sur consolidaron la escena. Lo que empezó como algo minoritario hoy es identidad. Y no, España no busca ser Berlín, tiene su sonido propio. Lo interesante no es de dónde viene, sino en qué se está convirtiendo.
¿Dónde está el after?
Si estás al tanto del panorama musical actual, sabrás que si 240 saca tema, se cae TikTok. Orgasm, SOLO o ¿Dónde está el after? son ejemplos de cómo la música electrónica se está mezclando con la urbana. Pero no es solo un mix. El techno nació en clubs underground de ciudades industriales, y lo urbano, también. Comparten origen, códigos y público: lo under como punto de encuentro.
Es así como Metrika e incluso Mvrk han incluido estilos como el hardcore y el hardtechno en sus temas. Y es que grandes cantantes de la escena han empezado a mezclar canciones del momento a casi 150 BPM. Aunque esta práctica se ha convertido en el trauma de los puretas, estos beats son en el mejor aliado de la música urbana. Pero ¿son colectivos tan distintos?
El hyperpop, con sus mezclas exageradas y rebeldes, recuerda mucho a la escena del techno. Locura, libertad y despreocupación. A esto se suman las colaboraciones entre artistas de ambos géneros, que terminan de mezclar ambas esencias.
Ritmo y gafas de ciclista
La cultura rave ha llegado para quedarse. No necesitas más: gafas de ciclista, buen rollo y dejarte llevar.
Madrid ya tiene sus propios puntos clave. Vallecas está ganando protagonismo con salas como Studio 76 u Octogon Club, mientras Fabrik sigue marcando el ritmo con sus CODE y grandes eventos. En paralelo, proyectos como Blackworks se han convertido en uno de los fenómenos más potentes de la escena, conectando lo local con lo global. Y festivales como Aquasella mantienen viva la cultura más allá del club.
Detrás de todo esto están los colectivos. Grupos de amigues que construyen la fiesta desde cero. H4T3R, Nitro y HardBrutality, entre otros nombres, apuestan por visuales, residentes y comunidad. Han creado una alternativa divertida a la masividad que tienen muchos eventos de techno.
Como en la música urbana —gobernada por gays y raxets—, el techno también se basa en códigos claros: respeto, identidad y escena. Dentro de una estética variada, solo hay luces, música hipnótica y unos buenos visuales. La electrónica ya no es solo música de club, sino lenguaje, estética y comunidad. Y ahora, también, el punto de encuentro de toda una generación.
