Hablamos con Alcalá Norte sobre su profeta Arturo Soria

El grupo debuta en el Sant Jordi Club, tras arrasar en las principales salas y se preparan para su concierto del 2027 en el Movistar Arena

5 enero 2026 ·
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Alcalá Norte, la banda emergente de Madrid Este, ha logrado una síntesis de sonidos que evoca la diversidad de influencias que los han marcado: desde el melancólico eco de Joy Division y la solemnidad del heavy metal hasta el pop naïve de mediados de los noventa, valiéndose casi siempre de la energía cruda del punk.

Nos citaron en Villa Rubín, la casa del que aseguran que es su profeta, Arturo Soria, en el corazón de su barrio, Ciudad Lineal, y a tan solo unas manzanas del centro comercial que da nombre al grupo: Alcalá Norte. Hacía frío y pasamos la mañana caminando alrededor de la estatua del profeta, con tiempo suficiente para hablar de filosofía, geometría y arquitectura.

Entre paseo y paseo, la conversación derivó hacia las grandes mentes y los grandes proyectos, hacia esas ideas que nacen quizá por casualidad y acaban tomando forma, aunque sea de manera imperfecta. Algo de eso está pasando con Alcalá Norte, un grupo que ya empieza a consagrarse en el panorama del rock nacional.

Álvaro Rivas y Jaime Barbosa, cantante y batería de Alcalá Norte, piensan y hablan desde el lugar que habitan, y su música parece crecer de la misma manera: desde el barrio hacia afuera. Nosotros, mientras tanto, ya estamos deseando estar detrás de sus próximos pasos.

¿Quiénes sois cuando no estáis tocando?

Rivas:  Yo paso mis días leyendo o fumando porros… y el resto del tiempo con Alcalá Norte.

Barbosa: Yo no leo tanto como me gustaría, pero escucho mucha música, veo documentales, fumo menos porros que este, me gusta cocinar, tomar cañitas —soy más de lata que de cañita— y estar en casa. Variadito, está bien.

¿Cómo se forma un grupo así? 

Rivas: Tienes la resolución de juntarte con los amigos y la convicción de que el rato en la sala de ensayo va a ser más productivo que estar en un bar y con eso basta para forma un grupo, la verdad. 

Barbosa: Sí, la verdad. En vez de estar en otro lado, pues vamos para el local y por lo menos hacemos o intentamos hacer algo productivo. O para echar el rato. Si es que tampoco hay que pensar en hacer nada productivo. Si empiezas pensando “vamos a hacer cosas productivas”, error.

Montar un grupo pensando en ser productivo es un cagadón

Rivas: Pero mola luego ver una cancioncita, aunque no sirva para nada. Mola verla.

Barbosa: Pero eso se da con el tiempo, lo que no puedes pensar directamente es en hacer cosas productivas. Hay que hacerlo por hacerlo y ya está. 

Rivas: Esto supongo que tiene sentido desde una perspectiva como la nuestra. Gente que no tiene ni puta idea de música y tal. Si has estudiado esto imagino que te juntas con otros músicos para hacer tus movidas de profesional, pero en nuestro caso no era así.

Barbosa: Yo considero que eso es un error también. Montar un grupo pensando en ser productivo es un cagadón. Habrá gente a la que le funcione, pero no era nuestro caso. Para nosotros, hacer una canción era una meta demasiado alta. Y fíjate la que se preparó. Es un milagro, es un nacimiento. Es acojonante.

La primera canción fue el milagro definitivo. A partir de ahí ya se había dado el milagro

Nos habéis traído hasta Villa Rubín. ¿Por qué este lugar? 

Barbosa: Estamos en el seno familiar de don Arturo Soria. Hemos venido aquí a hablar un poco de este señor, por lo que representa y por lo que nos dice. Y Rivas nos va a explicar unas cosas.

Rivas: Arturo Soria tenía el sueño de unir dos continentes con una sola calle, pero cuando se lo expuso a las autoridades públicas le dijeron, “tío, ¿y no prefieres en vez de hacer una calle tan larga, hacer una calle circular que encierre Madrid y despliegue hacia el centro conexiones radiales?” Dijo, “bueno, venga, vale”. Y se puso el tío a comprar terrenos para poder construir aquel anillo. Al final, se quedó sin fondos y solo construyó como los primeros 5 kilómetros. 

Pero el Arturo Soria que más nos mola a nosotros es el pitagórico, porque el tío era un geómetra, un iniciado de alto grado al sello de Salomón, y construyó su gran obra, que no es la Ciudad Lineal, sino el Génesis, que es una obra en la que, partiendo de los números 1, 2, 3 y 4, explica la historia de la humanidad. Ese es nuestro Arturo Soria. 

Barbosa: Y como hablábamos antes, Arturo Soria sí que quería ser productivo y se vino tan arriba que quería hacer una calle hasta Moscú, y claro, le dijeron, bájate un poquito de la burra, jefe, que igual va a ser demasiado. Y al final, pues… para nada. Esto es lo que quedó. 

Rivas: Que le jodan al Marqués de Portugalete. 

El Arturo Soria que más nos mola a nosotros es el pitagórico, porque el tío era un geómetra, un iniciado de alto grado al sello de Salomón

¿Creéis que los lugares se pegan? ¿Que el sitio donde uno crece acaba filtándose en lo que crea? 

Barbosa: Sí, como la expresión esta de “Uno no es de donde nace, sino de donde pace”. Pues esto es un poco lo mismo. Lo que has visto en tu vida, desde donde te has criado o lo que sea, pues te afecta a todo, desde tu manera de pensar, a tu manera de contar las cosas y a tu manera de todo. Entonces sí, evidentemente, todo se pega. 

Rivas: Lo que a mí me ha sorprendido más es que se le pegue a otros que no han nacido aquí. Que les mole la Calle Elfo… Ojalá empiecen a adorar a Arturo Soría también, ¿sabes? 

¿Se puede ser profeta en Ciudad Lineal? ¿Creéis que algún día dejaréis de hablar del barrio?

Rivas: Por decisiones que estamos tomando de tipo estratégico ahora, creo que va a ser inevitable que sigamos hablando del barrio y de Arturo Soria en nuestra próxima etapa. No tengo ni idea si en el futuro nos pasará o no. Sí que es verdad que yo algunas veces con el Barbosa noto que hay ciertos rincones de nuestra zona que nos molaría preservar para nosotros. Igual que no enseño la chorra en los conciertos. 

Barbosa: Sí, o sea, nos mola hablar de esto. Normalmente, la gente suele tender a hablar de su barrio como “soy malote, vengo del barrio”. Esa mierda no me gusta. Yo no quiero hablar de eso. Nosotros hablamos del barrio como nuestro espacio, y lo que dice él de ciertos lugares que queremos preservar, pues sí. A lo mejor en algún momento podremos cambiar un poco de rollo, pero será porque nos apetezca. 

Muchos de vuestros temas hablan de Dios aunque también de la miseria ¿Hablar de Dios es ironía, devoción o simplemente estética?

Barbosa: Yo no creo en ningún dios que esté inventado ya, yo creo en el mío, que creo que es en lo que debería creer todo el mundo. Porque hay que ser flipado para creer que tu dios es el de todos y es el que más mola, además. Yo tengo el mío que me cuenta mis movidas. 

Rivas: ¿Y sostienes que todo el mundo tiene el suyo? Muy socrático, eh. A Sócrates lo mataron por eso, por decir que todo el mundo tiene su dios. 

Barbosa: Pues a mí me matarán también algún día por decir algo parecido, no te creas. 

Yo no creo en ningún dios que esté inventado ya, yo creo en el mío, que creo que es en lo que debería creer todo el mundo

¿Cuál sería el milagro definitivo para Alcalá Norte?

Rivas: La primera canción fue el milagro definitivo. A partir de ahí ya se había dado el milagro. Barbosa sabía tocar la batería, Juampi sabía tocar la guitarra, yo no sabía hacer nada así que por ende cantaba y a los demás los tuvimos que buscar. Las letras sí que fueron por casualidad porque estaba previsto que yo cantase. Eso de que yo escribiera las letras sucedió porque en algún momento les dije “oye, ¿qué os parece que si con los apuntes que tengo intento hacerlo en forma de canción?” Me puse a ello y empezó a salir bien y decidimos quedarnos con eso.

Si a vosotros os tocara la lotería, ¿qué haríais? 

Rivas: Me compraría una casa aquí en Ciudali. 

Barbosa: Yo la verdad es que gasto poco. Yo para estar como estoy, pero mejor. Tapar agujeros ¿no? Que salían los borrachos siempre diciendo cuando les tocaba la lotería y tal diciendo ¡Tapar agujeros! Con toda la castaña ahí en el bar rebozándose por el suelo y tal. Ese rollo.

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