Inspirado en la historia de Charly García y su mítico Clics Modernos, Dano llegó con un plan: grabar un álbum corto, directo, empapado de la energía de la ciudad. Pero el tiempo y la creatividad lo llevaron por otro camino.
El resultado es un disco de 13 canciones que no pertenece a un solo lugar, sino a todos aquellos en los que el artista se siente en casa: Madrid, Buenos Aires y Nueva York. Con una producción cuidada al detalle y un sonido que se mueve entre la elegancia y la crudeza, Nuevos Trapos muestra a un Dano en constante evolución, abriendo nuevos caminos sin perder su esencia.
El álbum cuenta con colaboraciones de CRIMEAPPLE, Duki, Lua de Santana, LaBlackie, entre otros, consolidando su apuesta por la diversidad de estilos y sonidos. Como adelanto, el pasado 20 de febrero lanzó Blíster junto a BoriRock, primer single del disco que ya marcaba la dirección de este nuevo trabajo.
Además, Dano arranca con una gira por varias ciudades de España. Con fechas confirmadas en Zaragoza, Málaga, Granada, Valencia, Tenerife, Sevilla, Vigo, A Coruña, Vitoria, Madrid y Barcelona, sus seguidores podrán disfrutar en directo de una propuesta renovada y llena de fuerza.
Para comprender tu trayectoria hay que remontarse a tus raíces. Naciste en un entorno musicalmente muy culto, con tu padre y tu madre dedicándose a la música. Esta es una pregunta más personal: ¿Te influyó esto a la hora de elegir tu camino y dedicarte a la creación musical?
Obviamente, hermano. Intenté por todos los medios que no fuera así, pero la vida es mucho más fuerte. Lo digo en tono irónico, pero era inevitable. No iba a ser contable, por ejemplo.
Vengo de una familia donde el arte y la música han estado siempre presentes. Por parte de mi madre, soy tercera generación de músicos; por parte de mi padre, segunda. Así que crecí con la música en casa. Aunque en un momento dado, con 18 o 19 años, tuve mis dudas y pensé que no se podía vivir de esto. Llegué a estudiar diseño gráfico y trabajé como diseñador, pero no duró mucho.
Ni siquiera terminé la carrera. Un par de semanas antes de los exámenes finales, mi primo me pasó un contrato discográfico y desaparecí del mundo académico. Nunca volvió a haber dudas.
¡Normal! Al final, la herencia musical siempre tira.
Sí, pero mi "nepotismo" no fue económico, sino cultural. No heredé propiedades ni grandes riquezas, pero sí una idea muy clara de lo que es la industria musical, el trabajo en estudio, los ensayos y la disciplina. Mis padres y mis abuelos me enseñaron que en la música nunca dejas de aprender. Y con el tiempo, me he dado cuenta de que eso es un privilegio.
Siempre he intentado devolver ese privilegio ayudando a otros, compartiendo lo que sé y abriendo puertas en lugar de cerrarlas.
Llevas muchos años en esto, unos 20, si no me equivoco.
Sí, más o menos.
Yo te empecé a escuchar hace tiempo. Recuerdo un vídeo en un poetry slam que me marcó mucho, donde decías "cuida las palabras". Y bueno, en toda tu música hay una gran elaboración conceptual, referencias, metáforas, samples... Detrás de eso hay muchísimo trabajo y aprendizaje.
Totalmente.
Para hablar de tu evolución, hay dos discos clave: Itsmo y El hombre hace planes y Dios se ríe. Son proyectos con una sensibilidad muy intensa y procesos creativos largos. ¿Qué han significado para ti?
Itsmo fue el paso de los 20 a los 30. Lo empecé con 27-28 y lo terminé con 32. Representa el inicio de la adultez, un período de cambios y decisiones.
Por otro lado, El hombre hace planes y Dios se ríe fue un proyecto muy ambicioso. Desde el concepto hasta la ejecución, quería hacer algo más grande, como los álbumes dobles de los 90. Quise traer esa estética de las cintas y los discos dobles, con muchas colaboraciones.
Y luego llega Nuevos Trapos, donde parece que te liberas de la presión conceptual.
Exacto. En este disco el concepto es "no tener concepto".
Otro aspecto clave es la influencia de Nueva York en este álbum. Inicialmente, parecía que ibas a hacer un EP más reducido, pero el proyecto evolucionó.
Sí, todo empezó de forma muy casual. Un amigo tenía un billete extra para Nueva York y me lo ofrecíó. Me fui seis días, y en ese tiempo hice tres temas y empecé un cuarto.
Cuando volvió a Madrid, lo habría dejado en un EP, pero hablé con Néxico y decidimos ampliarlo. Se fueron sumando colaboraciones, algunas fallaron, pero el proyecto creció. Y así terminó siendo Nuevos Trapos, un disco con muchas colaboraciones y un sonido muy diverso.
Y, en ese proceso, también lograste sacar a algunos artistas de su zona de confort.
Eso me encanta. Es divertido poner a alguien en un contexto distinto, pero que siga sintiéndose cómodo. Que Duki rapee en mi mundo, que Lúa cante en castellano, que La Blacky se suba a un beat de drum and bass... Ese tipo de cosas me parecen muy interesantes.
Y, al final, ha funcionado.
Sí, y estoy muy contento con el resultado. Para mí, la música es un juego. Un juego muy serio, pero un juego al fin y al cabo.
Dano, estás terminando tu disco. ¿Cómo ha sido este proceso para ti?
Lo que quería plasmar en este proyecto, lo tengo. Pero algunas cosas no han salido, se quedarán para otro momento. Lo que quería expresar, en un principio, no fluía, me bloqueaba... Y llegó un punto en el que me pregunté: "¿Qué estoy haciendo?".
¿Contra qué estoy luchando? ¿Por qué estoy sufriendo? ¿Por qué me estoy empeñando en empujar esta idea que claramente el universo me dice que no va?
Fue entonces cuando me sentí liberado y tuve una epifanía: me di cuenta de que siempre había trabajado con la idea de que el concepto debía regir la obra. Pero pensé: "Que le follen, vamos a hacerlo al revés. Que las palabras definan el concepto". Ahí fue cuando me solté, cuando "Nuevos trapos" cobró sentido. De repente, todo encajó y pensé: "Venga, ¿qué me apetece hacer? A mí me gusta hacer música, hacer beats. ¿Cuáles son los últimos beats que me han gustado? Este, este, este y este. ¿Y los temas que me han tocado? Por esto y por esto... ¡Pues venga! Boom, este es mi disco. Así. Bravo. Bravo porque me ha dejado satisfecho.
¿Cómo fue ese momento en el que te diste cuenta de que el disco estaba terminado?
Mira, cuando entregué el disco hace un mes, estaba completamente agotado, creativamente muerto. Era como nadar cruzando el canal de la Mancha y llegar a la orilla sin fuerzas. Lo entregué, pulsé "enviar" y me dejé caer. Y entonces, de repente, alguien dice: "¿Qué hacemos con lo de Benny?". Yo: "¿Qué de Benny?". "Que está en el mail". Y yo: "¿Qué mail?". Entro y veo que, justo el día de la entrega, llega la puta capela del pibe. No me lo podía creer.
Estaba realmente agotado, sin energía, sin creatividad. No lo digo en plan "pobrecito de mí", porque somos afortunados de poder hacer esto, pero tenía la sensación de que había dado todo lo que tenía. Mi pecho era una pasa, ¿sabes? Y encima tocaba hacer el beat, no solo la letra. Pero bueno, esa sensación me duró 15 minutos. Luego me dije: "Deja de llorar y ponte a currar".
¿Dirías que este proceso se parece a lanzar un triple en el último segundo?
¡Tal cual! Y además, de espaldas, cayéndome y con un señor con perritos pasando por delante, todo mal, todo ridículo. Pero ahí es donde entra la experiencia. Como un futbolista que da un pase clave o un jugador de baloncesto que mete un tiro imposible. Al final, todo es el resultado de años de práctica. Es como: "Tienes 15 años de carrera, ¿y te vas a quedar aquí quejándote? Anda, ponte a currar".
Para cerrar el ciclo, hablaste de colaboraciones con pesos pesados tanto de EE.UU. como de España.
Sí, ahí está todo el trabajo de Lex. Es un movimiento suyo, la estrategia, la gestión, hacer que esto sea posible. Ha normalizado cosas que antes parecían imposibles. Es su ambición, su determinación y su hambre de conseguirlo. Antes era impensable juntar a estos artistas en un disco. Ahora es una realidad. Y yo solo puedo estar agradecido de formar parte de ello.
Serían viables, serían posibles... Y eso es lo que intentas, ¿no? Legitimar esta movida, esta industria...
Totalmente, tío. Es increíble, la puta hostia. Es una sacada espectacular, la verdad.
Bueno, yo lo comparo con estar sentado aquí hablando contigo, que es prácticamente el mismo orgullo.
Gracias, hermano, ¿sabes?
En tu nuevo disco, el rap de las calles argentinas cobra protagonismo. Vuelven Duki y Mir Nicolás, pero también aparecen nombres nuevos en tu discografía, como Bavis 01HP. En una industria tan superpoblada como la de hoy, con tantísimos productos, son pocos los que realmente brindan oportunidades a quienes tienen talento emergente. Hay que reconocerte eso. ¿Crees que es necesario?
No sé si es necesario, pero es lo que me nace hacer, porque es lo que se ha hecho siempre. Es como yo lo interpreto. El rap ha sido así desde siempre. Muchos artistas que han sido grandes en cada generación tuvieron a alguien que vio su talento y les dio un hueco. No todos, claro, hay quienes se labraron su camino solos, pero en general, siempre hubo alguien que ayudó.
Supongo que también influye mi lado de productor. Mi cerebro está dividido en varias partes. Como beatmaker, me encanta hacer beats y cuando escucho a alguien que rapea o canta increíble, quiero escuchar su voz sobre mi música. No es solo por colaborar como intérprete, sino también por el placer de ver cómo su talento encaja con mis producciones.
Siempre me he considerado oyente antes que ejecutor, consumidor antes que creador. Casi todo lo que hago es un intento de emular y adaptar estructuras que me han influenciado. Cuando escucho a alguien con talento descomunal, me emociona. Y si a través de mi música puedo ayudar a que más gente descubra a esos artistas, mejor.
En tu disco no falta esa narrativa de "Ghetto Tales", la dura realidad de los barrios, marcada por la ilegalidad, el contrabando, las adicciones... una lucha diaria por sobrevivir. Pero también hay mensajes de esperanza. ¿Qué crees que hace falta para que los sueños se cumplan?
Ejemplos, tío. Representación. La gente necesita ver ejemplos reales de que se pueden hacer cosas en cualquier entorno. No es fácil, son años de trabajo, pero se puede. Hay muchas personas que no saben que esto es una posibilidad porque su entorno nunca les mostró que lo era. Yo crecí sabiendo que podía hacer esto, aunque fuera un camino difícil, con muchos altibajos.
Mucha gente ni siquiera se plantea sus sueños porque las voces que escuchan en su cabeza les dicen "¿qué haces, loco?". Y esas voces vienen del profesor, del primo, de la pareja, del cuñado, de los padres. Es un freno brutal. Por eso es tan importante que haya referentes.
Cambiando de tema, en tu canción "Mi colega dejó el juego y ahora tiene pasas internas" hablas de un problema del que no se habla mucho. ¿Qué nos puedes decir al respecto?
Son anécdotas, cosas que vivo y que me parecen interesantes de plasmar. Que un colega te llame y te diga que se ha apuntado a Jugadores Anónimos o algo así es un momento muy significativo. Admitir que tienes un problema es jodido. Todos tenemos adicciones, algunos lo sabemos y otros no.
Las adicciones no tienen que ser solo drogas o alcohol, pueden ser cosas más cotidianas, como la sal, el azúcar o la Coca-Cola. Tengo un colega que casi pierde un riñón con 25 años porque desde los 12 no tomaba agua, solo refrescos. Son comportamientos que el cuerpo asimila y repite. Al final, lo que intenté con esa frase fue reflejar todo esto, además de hacer un guiño a mi colega.
En el disco encontramos colaboraciones con artistas femeninas como Lua de Santana y La Blackie. ¿Cómo ves su papel en la escena?
Gracias a Dios, cada vez tienen más presencia, pero todavía hay mucho hueco por llenar. Me encanta ver a pibas rapeando en castellano y disfrutándolo. Ya era hora. Y que haya más, por favor.
Me flipan las artistas con las que trabajé en este disco. Me faltó incluir a algunas, como S Pequeña de Argentina, pero no pudimos coincidir. Lo que me interesa no es solo la colaboración en sí, sino que su estilo encaje con mi identidad sonora. Me gusta buscar ese punto medio donde podamos encontrarnos musicalmente.
Parece que esas colaboraciones te permiten mostrar tu lado más sentimental. Lo vimos en "Luba", en "El hombre hace planes" con José Riego y Youssoupha... ¿Ellas influyen en esta temática?
No es que sean "culpables", pero sí, influye la sensación de emular ciertas emociones. Como escritor, me planteo retos. No suelo escribir sobre amor, pero hacerlo con otra persona que también escribe me obliga a encontrar un equilibrio. Crear una historia, un momento.
Por ejemplo, en "Aster y Hace Poco" colaboré con una cantante y compositora de verdad. Poder hablar de amor sin que sea algo sexual, sino platónico, me pareció un reto interesante. Me gusta jugar con la temática de la persona con la que colaboro, explorar sus códigos.
Y al final, esas canciones terminan siendo mágicas. Como la de Duki, por ejemplo, que empezó siendo un boceto para "Amer" y acabó siendo un hit.
Exacto. Esa canción iba a ser de él, él empezó la idea. Mi reto fue continuar la temática y mantener el listón alto. A veces los temas nacen de esa manera, sin planearlo, y terminan siendo algo grande.
Para terminar, hablemos de "Los tres amigos superdeportivos". Más allá de la referencia a "Siete Notas", ¿qué hace que Dano, Ergo y El Pequeño encajen tan bien juntos?
Venimos del mismo agua, tío. De generaciones distintas, pero nos criamos en lo mismo. Nos han educado las mismas influencias. Cuando los conocí, ya había un respeto inmediato. Al final, nos hemos ido acercando y hoy en día son mis hermanos.
