Hablamos con Mariang sobre las cosas de segunda mano

Antes de convertirse en presentadora y referente cultural, Mariang tatuaba sillas de segunda mano

6 agosto 2025 ·
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Foto vía PHTP

Antes de sentarse frente a Rosalía o Pedro Sánchez, Mariang tatuaba sillas. Literalmente. Una de segunda mano terminó grabada en la piel de Estela, nuestra host, —con jarrón incluido— como si fuera un símbolo secreto de una época donde el reciclaje no era una tendencia, sino una forma de existir. Ese gesto, aparentemente anecdótico, es la metáfora perfecta de su manera de mirar el mundo: lo rescatado, lo que otros tiran, lo que parece roto, tiene algo que decir. Y ella sabe escucharlo.

Mucho antes de convertirse en “la quinqui” de La Pija y la Quinqui, Mariang ya estaba construyendo un discurso sobre los objetos, el uso, el desgaste, la autenticidad y su aficion a buscarlos en Wallapop. La segunda mano no es una estética ni una pose: es su lenguaje. En su universo narrativo, las lámparas tienen personalidad, los muebles hablan, y un contenedor puede ser una cápsula de tiempo emocional. Lo suyo no va de encontrar tesoros, sino de reinterpretar la basura. Y ahí, entre lo cotidiano y lo simbólico, es donde mejor brilla.

¿Qué tiene lo de segunda mano que no encuentras en primera mano?

Pues mira, yo iba a decir originalidad, pero es que ya me lo sé tanto que siento que la primera mano funciona como una especie de vampiro: lo absorbe todo. Al final, muchas tiendas nuevas no hacen más que copiar cosas que ya existían. En cambio, la segunda mano tiene algo que para mí es mucho más valioso: inspiración.

Es de donde más saco ideas, donde encuentro cosas que puedo usar y reutilizar, y que me sirven realmente. Aunque tengo pocas cosas, casi todo lo que me funciona viene de ahí. La segunda mano tiene autenticidad, y para mí eso es lo más importante.

¿Qué es lo más random que has rescatado de un contenedor?

Pues mira, durante un montón de tiempo tuve en casa —cuando compartía piso con nueve personas, imagínate el caos— una rueda de camión que usaba como puff. ¿Te lo puedes creer?

También tenía un espejo hecho con cristales rotos que encontré en un contenedor. Eran como cuadraditos, y pensé: “esto me sirve”. Así que lo monté yo misma. Y bueno, la rueda supongo que al final acabó en la basura… pero me hizo servicio.

¿Si tuvieras que elegir un objeto de segunda mano cuál sería?

Yo diría que una lámpara. Pero no cualquier lámpara. Una lámpara de mesa. Confío plenamente en que doy esa vibra: soy esa lámpara.

De pie no, hay demasiadas y no me representan. Las de techo son demasiado regias, muy de estar en un palacio. Yo sería una lámpara de mesa: discreta, con personalidad, mona, mona, mona… que eso es lo más importante: ser mona.

Si tuvieras una cuenta para vender algo, ¿qué venderías?

Me gustaría decir muebles, la verdad. Pero claro, ese tipo de cosas son complicadas porque montar una curaduría de muebles es como tener una curaduría, literal. Y hay cuentas en Wallapop que lo hacen súper bien, pero al final es un negocio en toda regla.

Así que diría que lo más factible es vender ropa. Todo el mundo quiere comprar ropa, y yo siempre quiero deshacerme de ropa. Así que… aunque me pese, tengo que decir ropa. Contra toda mi voluntad, porque en mi mundo ideal no existiría la ropa.

¿Dónde se planta tu línea entre lo natural y lo preparado para hablar con invitados como Rosalía o Pedro Sánchez?

En mi caso, lo más difícil es, precisamente, no prepararme. Porque si no preparo nada, es literalmente imposible que parezca que está preparado. La gente a veces cree que hay una estructura detrás, que todo está súper pensado, pero no es así. Simplemente me cuesta soltarme en ciertas situaciones, y eso puede dar la sensación de rigidez.

Lo cierto es que nunca he hecho un guion para mí. Dejé de escribir guiones hace tiempo, y cuando me piden que lo haga, siento que no tiene sentido en mi forma de trabajar. Para mí, hablar en una entrevista o en un programa tiene más que ver con encajar ideas desde un lugar más intuitivo, más mental.

De hecho, cuando fichamos con Spotify para la segunda temporada, pensé: “vale, ahora hay una marca detrás, tengo que cumplir un estándar, voy a prepararme más en serio”. Aguanté un programa. Me di cuenta enseguida de que no funcionaba. Prepararme más solo hacía que todo saliera peor.

Caí momentáneamente en la trampa de la meritocracia: esa idea de que si le echas más tiempo y esfuerzo, todo mejora. Pero en mi caso no es así. Al final miré a cámara y pensé: “voy a tirar con lo que tengo”. Y si dura una hora, dura una hora. Es más como jugar a ser un heterónimo: hablas, conversas, y ya está.

Creo que justo eso es lo que hace que la gente siga viendo La Pija y la Quinqui. Y sí, al final terminé entrevistando a Rosalía, a Pedro Sánchez y a un montón de gente. Pero llegar a esa forma de hacerlo también es complicado. Encontrar esa tecla no es tan simple como parece.

¿Tienes una manía confesable mientras trabajas?

Uf, sí, aunque no sé si tiene tanto que ver con el trabajo en sí. Por ejemplo, no puedo comer fruta si no la corto toda antes. Toda. Y con los melocotones tengo una cosa rarísima: me como primero la piel y luego la fruta, como por fases.

También me toco muchísimo el pelo, creo que eso tiene un nombre médico raro… ¿tricomanía? Algo así. De hecho, me compré un gorro para estar por casa porque me arrancaba mechones sin darme cuenta. Y lo peor: me engrasaba el pelo.

Por lo demás, no tengo muchas manías mientras trabajo. No soy especialmente tikismikis, me da un poco igual cómo se hagan las cosas. Pero si algo me distrae demasiado, ya no puedo tomármelo en serio.

¿Sigues en Twitter?

No, ya no tengo Twitter.

Por último ¿Qué te gustaría que la gente encuentre cuando te busca en Internet?

Mariang Goya. Ya está, perfecto. Solo eso. Como si fuera el nombre de una obra o un premio. La campana suena, todo en silencio: Mariang Grammy.

Aunque, bueno, también creo que en realidad no deberíamos buscar a la gente en internet. Pero a mí me encanta buscarme. Porque Google tiene una cosa fascinante: las preguntas relacionadas.

Te salen cosas tipo: “¿A qué se dedicaba antes Mariana La Quinqui?”, “¿Cómo se llama Mariang La Quinqui?”, Yo a veces intento adivinar las respuestas, no por lo que realmente pone (porque muchas veces están mal), sino por el puro juego.

En realidad, cuando te buscas, puede salir cualquier cosa. Pero es muy divertido. Lo recomiendo a cualquiera que tenga aunque sea una mínima huella en internet: búsquense. Es toda una experiencia.

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