En España hay una tendencia que está llamando la atención de sociólogos, economistas y ciudadanos por igual: el creciente número de mascotas en los hogares frente al descenso de la natalidad. En los últimos años, las estadísticas reflejan un aumento significativo en la cantidad de mascotas registradas, mientras que el número de nacimientos no para de descender. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2023 se registraron alrededor de 6,7 millones de perros en España, comparados con los 3,3 millones de menores de 10 años. Esta discrepancia en los datos está generado un fenómeno cultural en el que muchas personas, solas o en familia, parecen estar optando por tener perros en lugar de hijos.
Hay muchos factores que alimentan esta preferencia, como las condiciones económicas adversas, la precariedad laboral y también los cambios en los valores y estilo de vida de las nuevas generaciones. Además, el rol de las mascotas, sobre todo perros y gatos, ha evolucionado, pasando de ser simples mascotas a convertirse en miembros de la familia, con un trato y cuidado que en muchos casos se asemeja al que se brinda a un hijo.
La Gen Z está redefiniendo el concepto de familia
Para la Generación Z, este fenómeno es especialmente importante. Criados en un contexto de inestabilidad económica y cambios tecnológicos constantes, muchos jóvenes nos enfrentamos a la incertidumbre laboral y al alto coste de vida, lo que influye en nuestras decisiones a la hora de formar una familia. Tener un perro, con su menor inversión económica y compromiso a corto plazo en comparación con la crianza de un hijo, se presenta como una alternativa de lo más viable y emocionalmente satisfactoria. Además, los perros ofrecen compañía y apoyo emocional, algo muy importante en una era donde la soledad y los problemas de salud mental son nuestro día a día.
Asimismo, la Gen Z está redefiniendo el concepto de familia. Para muchos, las conexiones emocionales y el bienestar son más importantes que los modelos tradicionales. En este contexto, los perros no solo llenan un vacío emocional, sino que también permiten a los jóvenes experimentar el cuidado y la responsabilidad de una manera mucho más flexible y manejable. Este cambio de paradigma refleja una adaptación a las realidades contemporáneas y una redefinición de las prioridades y aspiraciones personales.
Hemos pedido a tres personas que aporten su opinión sobre este fenómeno que está transformando la noción de familia y las dinámicas de cuidado en la sociedad actual.

Inés
Si pienso en mí siendo una niña me recuerdo jugando a ser un adulto. Haciendo que trabajaba en una oficina y a conducir mientras iba a hacer recados ficticios, siempre con mi Nenuco de copiloto en un maxi-cosi. Yo crecí jugando a que era madre. No lo había visto nunca (de manera consciente) porque soy hija única y mis padres no criaron a alguien más bebé que yo, pero sabía perfectamente que a mi Nenuco le tenía que dar de beber biberón, prepararle la comida en mi cocinita y vestirlo con ropa que guardaba en un armario, también marca Nenuco, que me regalaron los reyes.
De manera paralela mis padres se empeñaban en regalarme mascotas. Recuerdo a varios hamsters, peces, tortugas y hasta una cobaya. Pero nunca me importaron. No tuve ese amor por los animales que compartían el resto de niños que se pasaron toda su infancia pidiendo un perrito.
Supongo que por eso ahora, siendo adulta, en mis planes está la maternidad y no un animal doméstico. Quiero dar vida a un humano, verle crecer y emocionarme cuando vaya desbloqueando habilidades como descubrirse los pies o aprender a leer. Tener un hijo te cambia la vida y por eso no es un plan que tenga a corto plazo, pero tengo claro que vendrá antes del perro porque, de tener perro en algún momento, será para que mi hijo no sea uno de esos que se pasó toda la infancia pidiéndolo.

Marina
Considero que es importante valorar la crisis de soledad e individualidad a la que estamos expuestos cada vez más. Si carecemos de espacios en los que socializar porque nos los cierran, porque rompen y persiguen proyectos comunitarios en todos lados, cada vez es más complicado construir redes para poder socializar y acompañarnos.
Actualmente, faltan espacios alejados de la familia, el consumo y el trabajo donde poder socializar. Como alternativa a la imposibilidad (o deseo) de formar una familia por incapacidad económica, de vivienda, de modelo relacional, las mascotas parecen una buena alternativa de compañía. No considero que sea “bueno” o “malo” que nos rodeemos de más mascotas y el trato que queramos darles, pero sí creo que se trata de una gran razón para muchas personas de tenerlos es afrontar la soledad, construir rutinas, poder salir de casa… acciones que previamente podían estar sostenidas por un mayor nivel de socialización o vínculos comunitarios.
Antes de cuestionar la amenaza o el final de la familia, algo que aún considero lejano, deberíamos preocuparnos por el final, ya en marcha, de la comunidad.

Irene
Personalmente, me gustan los animales y tener hijos hoy día para mí es algo incierto, pero no lo descarto en un futuro. Es decir, no lo buscaría desesperadamente ni lo tengo como prioridad, puesto que soy consciente de que no necesito ni un hijo ni una mascota para ser feliz. Barajando mi situación actual, y la de la mayoría de los jóvenes de clase trabajadora que nos buscamos la vida en una ciudad más o menos grande, me parece innecesario criar a una mascota hacinada en un piso compartido o condicionada a mudanzas constantes. Tampoco entiendo a esas personas que tratan a un animal como si fuese un humano, comprendo el cariño y la vinculación que ofrecen, pero creo que siempre existirá esa barrera entre animal y humano.
Tendría hijos solo si tuviese esas condiciones materiales adecuadas
En cuanto a los hijos, las condiciones materiales a la hora de tenerlos evidentemente son un problema. Además, las mujeres, ya no dedicadas plenamente a la crianza, somos conscientes de lo difícil que puede ser a la hora de conciliar con otras metas y aspiraciones en medio de un mar de precariedad. Por otra parte, las relaciones amorosas resultan cada vez más inestables y efímeras, y la elección de pareja con la que tienes un hijo es igual o casi más importante a la hora de elegir tenerlo, por lo que entiendo que la convivencia con un animal es mucho más fácil de gestionar.
Personalmente, tendría hijos solo si tuviese esas condiciones materiales adecuadas (que, tristemente, algunos obtienen esas cuando ya es tarde para tenerlos), sabiendo que voy a poder darles una buena vida y educación. Ahora mismo, no elegiría ni lo uno ni lo otro, pero de cara al futuro creo que preferiría tener un hijo. Las mascotas no creo que den el mismo acompañamiento, pero tampoco se debe tener un hijo por cubrir unas carencias emocionales, miedo a la soledad o tener quien te cuide cuando seas mayor, etc. Las generaciones anteriores pecaron de tener hijos “porque tocaba”, porque era lo que toda la pareja hacía llegada una edad, pero por suerte creo que los jóvenes hemos tomado más conciencia con esto.
