La generación que más mira pantallas también es una de las más miopes

Entre scroll, lentillas y jornadas frente al ordenador, la salud visual empieza a entrar en la conversación sobre bienestar de una generación que ya no quiere normalizar la incomodidad

19 junio 2026 ·
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Foto vía @bianca.victoria.ny

Podemos tener una rutina de skincare de diez pasos, saber qué sérum nos va mejor, intentar dormir ocho horas y hablar de salud mental sin tanto tabú. Pero, muchas veces, seguimos dejando los ojos en el último lugar. Y eso que los usamos para todo: estudiar, trabajar, ver series, hacer scroll, comprar, ligar, responder mensajes, editar fotos o mirar el mapa para llegar a cualquier sitio.

En la Generación Z, la miopía ya no se entiende solo como “ver mal de lejos”. También habla de cómo vivimos: muchas horas de pantalla, mucho tiempo en interiores y una rutina en la que la vista trabaja casi sin descanso. Según el informe La salud visual en España, desarrollado por STAAR Surgical y avalado científicamente por SECOIR, casi 4 de cada 10 españoles tienen miopía, pero la cifra sube hasta el 62% entre la Generación Z

Pasar muchas horas mirando el móvil o el ordenador influye, pero el problema no es únicamente la pantalla. También tiene que ver con el tiempo que pasamos en interiores, con mirar siempre de cerca y con no darle a los ojos suficientes cambios de distancia durante el día. Traducido: estudiar con el portátil, responder mensajes, leer en el móvil, trabajar en remoto, ver vídeos y descansar… viendo más vídeos.

Una rutina en la que la vista trabaja casi sin descanso

Por eso, una de las recomendaciones más sencillas es aplicar pequeños descansos visuales: apartar la vista de la pantalla cada cierto tiempo, mirar a lo lejos, parpadear de forma consciente si notamos sequedad y revisar la graduación si empezamos a forzar la vista. Señales como ver borroso de lejos, acercarse demasiado a las pantallas, tener dolores de cabeza frecuentes, notar cansancio ocular al final del día o sentir que las lentillas molestan más de lo normal no deberían asumirse como “lo típico”.

Quienes llevamos gafas o lentillas sabemos que no es solo cuestión de graduación. Es despertarte y buscar las gafas antes de ver nada. Llevar lentillas, líquido, estuche o lágrimas artificiales “por si acaso”. Pensar si podrás bañarte en la playa, si te molestarán en un festival, si el aire acondicionado te dejará los ojos secos o si aguantarás todo el día frente al ordenador sin acabar con sensación de cansancio visual.

Ahí es donde la conversación empieza a cambiar. Durante años, parecía que las únicas opciones eran gafas, lentillas o láser. Pero hoy existen distintas alternativas de corrección visual y no todas responden al mismo perfil. Las lentes implantables, por ejemplo, funcionan de otra manera: en lugar de modificar la córnea, como ocurre con algunas técnicas láser, se colocan dentro del ojo para corregir la graduación sin retirar tejido corneal. Dicho menos técnico: no van de “pulir” la córnea, sino de añadir una lente interna pensada para convivir con el ojo.

La vida con gafas o lentillas tiene más logística de la que parece

Por eso pueden ser una opción interesante para determinados pacientes con miopía, hipermetropía o astigmatismo, especialmente cuando buscan reducir la dependencia de gafas o lentillas o cuando no encajan en otros procedimientos. Además, el informe apunta que cada vez hay más interés por alternativas reversibles, biocompatibles y que no alteren la estructura natural del ojo. La clave, eso sí, no está en elegir por tendencia ni por lo que nos suena más, sino en consultar con un oftalmólogo y entender qué opción tiene sentido para cada caso.

La idea no es salir corriendo a tomar una decisión, sino empezar por algo bastante más básico: dejar de normalizar la incomodidad. Si nos informamos para elegir una crema, unas zapatillas o un destino de vacaciones, también tiene sentido hacerlo con nuestra vista. Al final, ver bien no va solo de leer mejor una pantalla o reconocer a alguien de lejos. Va de vivir con menos fricción. Y para una generación que lo hace casi todo mirando, cuidar los ojos ya no debería ser opcional.

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