Hay mucha música, demasiada quizá, pero no tanta consigue quedarse contigo cuando termina la primera escucha. Y ahí es precisamente donde lleva tiempo moviéndose Belén Aguilera, una artista que nunca ha parecido especialmente interesada en seguir caminos fáciles o repetir fórmulas que ya funcionan. Mientras buena parte del pop actual parece buscar constantemente encajar dentro de un molde reconocible, ella lleva años construyendo exactamente lo contrario: un universo propio. Ahora vuelve a demostrarlo con mediterrania, su nuevo EP, un trabajo que confirma algo que muchos ya intuíamos hace tiempo… Belén Aguilera solo sabe avanzar si es hacia lugares inesperados.
Un refugio emocional convertido en seis canciones
El propio nombre del proyecto ya deja bastante clara la intención detrás del lanzamiento. mediterrania nace de la unión entre dos conceptos que terminan definiendo bastante bien el corazón del disco: meditación y Mediterráneo. Un lugar imaginario, íntimo, casi terapéutico, donde el sonido del mar, la naturaleza y cierta sensación de calma atraviesan todo el proyecto. No es casualidad. Durante los últimos años, Belén ha convertido la salud mental, la introspección y la búsqueda de espacios seguros en una parte esencial de su narrativa artística, algo que ya venía explorando en canciones como Inteligencia Emocional o proyectos anteriores como Metanoia. Aquí vuelve a hacerlo, pero de una forma todavía más desnuda. Las seis canciones que forman el EP funcionan como una especie de diario emocional donde conviven la vulnerabilidad, el dolor, la amistad, la libertad personal y esa necesidad constante de volver a encontrarse con una misma cuando todo alrededor parece demasiado caótico.
Y quizá lo más interesante es que no intenta suavizar nada. Hay dolor, sí, pero también una reivindicación muy clara de entender que incluso las heridas forman parte del proceso. Que crecer también significa equivocarse.
Belén Aguilera sigue construyendo uno de los universos más personales del pop español
A nivel sonoro, mediterrania vuelve a confirmar algo bastante evidente dentro de la carrera de Belén Aguilera: nunca sabes exactamente qué esperar de ella. Y probablemente ahí reside buena parte de su magnetismo. Dentro del EP conviven influencias que parecen imposibles de mezclar sobre el papel, pero que terminan funcionando con una naturalidad sorprendente. Hay momentos que recuerdan a estructuras casi clásicas, otros que abrazan el electropop, pequeñas texturas ambient, fragmentos de drum & bass e incluso canciones que se acercan a terrenos mucho más experimentales. Todo ocurre dentro de un mismo proyecto y, aun así, nada se siente forzado. Canciones como Inmortal, Mis Amigos o Mejores Momentos amplían todavía más ese imaginario sonoro tan particular que lleva años construyendo.
Después de demostrar recientemente su enorme crecimiento sobre escenarios como el Movistar Arena y con una agenda de festivales que la llevará por citas como Bilbao BBK Live, Sonorama Ribera o Mallorca Live Festival, Belén Aguilera sigue consolidándose como una rara avis dentro de la música española. Una artista que no parece interesada en sonar como nadie más. Y sinceramente… se agradece bastante. Porque en tiempos donde casi todo busca parecerse a otra cosa, encontrar a alguien que simplemente se parece a sí misma sigue siendo lo verdaderamente extraordinario.
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