La edición 2025 de Bilbao BBK Live se cerró con la sensación unánime de haber sido una de las más memorables de su trayectoria. Música, comunidad y cultura se entrelazaron en una experiencia única. Más de 115.000 personas procedentes de más de 50 países vivieron un festival que reafirma su esencia: un espacio abierto, diverso, vibrante y cada vez más joven.
Jueves: Un arranque expansivo
La primera jornada arrancó con un espíritu desbordante desde el centro de Bilbao. Raya Diplomática inauguró el ciclo Bereziak en plena Gran Vía con una actuación cargada de teatralidad, ironía y actitud que convirtió el primer acorde en un rito colectivo. Poco después, cientos de asistentes subieron a pie a Kobetamendi por la ruta Kobetamendi Irteera, una marcha musicalizada que convirtió el trayecto de media hora en una fiesta sostenible.
Al llegar al recinto, la apertura de puertas se vivió con una mezcla de emoción y expectación. Los reencuentros, la naturaleza del monte, la escenografía y la música empezaron a fluir en un ritual que marca el inicio del verano vasco.
Entre los momentos más destacados del día, Pulp ofreció su primer concierto en la historia del festival, con un Jarvis Cocker que despertó euforia y nostalgia al ritmo de clásicos y canciones de su nuevo álbum More. Kaytranada llevó el ritmo a otro nivel con una fusión elegante de house, funk y R&B, mientras que Judeline confirmó su estatus emergente con una actuación poderosa y emotiva basada en su disco Bodhiria.
Los argentinos Ca7riel y Paco Amoroso ofrecieron uno de los directos más salvajes del día, y Michael Kiwanuka se apoderó del atardecer con un concierto íntimo y emocional. BASOA volvió a sus raíces rave con una pista circular inmersa en vegetación, y nombres como Tiga y Cora Novoa pusieron la guinda electrónica. Por su parte, GORRIA debutó en el escenario Johnnie Walker como una nueva apuesta de clubbing visual y sonoro. Así cerró un primer día inolvidable que dejó el listón muy alto para lo que vendría.
Viernes: Poder femenino y resistencia bajo la lluvia
La segunda jornada amaneció con talleres de txalaparta y euskal dantzak en el camping, gracias a la iniciativa Ahots Batuak, que celebró la diversidad lingüística y cultural como eje de desarrollo sostenible. Mientras tanto, Bereziak siguió latiendo con propuestas como Grande Amore, Azuleja, Sr. Chinarro o Dano, que conectaron con la ciudad.
En Kobetamendi, pese a la lluvia, el público resistió con energía. Amaia ofreció un concierto impecable que se vio interrumpido por el temporal, pero Raye deslumbró con fuerza vocal y magnetismo escénico. Bad Gyal cerró la noche con una explosión urbana que hizo vibrar al monte. La música en femenino fue sin duda el motor emocional de la jornada.
KNEECAP, el trío de Belfast, agitó al público con un directo cargado de mensaje político y rap en gaélico. Mientras, joyas ocultas como Jessica Pratt, Sofie Royer y Obongjayar ofrecieron momentos de introspección y belleza. Rusowsky confirmó por qué es uno de los referentes del nuevo pop español, y la escena euskaldun brilló con fuerza gracias a artistas como Sal del coche y Xsakara.
La propuesta Lasai volvió a ofrecer un oasis sonoro de beats pausados, y Richie Hawtin, en una aparición sorpresa, cerró la noche en Basoa con uno de los sets más celebrados de esta edición. Un final inesperado para una jornada intensa, emocional y comprometida.
Sábado: Un cierre legendario
El último día fue una fiesta total desde el primer momento. Con Kylie Minogue como cabeza de cartel, la jornada tuvo todos los ingredientes para ser legendaria. La diva australiana ofreció un espectáculo impecable, cargado de coreografías, hits y conexión absoluta con el público.
El debut en solitario de Damiano David, líder de Måneskin, mostró una faceta más emocional y madura del artista, mientras que Carolina Durante conquistó al público con actitud punk a pesar de los contratiempos de salud. Nathy Peluso desplegó toda su fuerza escénica con el show de su disco GRASA, confirmando su posición como una de las artistas más magnéticas del momento.
Sparks e Hidrogenesse dialogaron entre generaciones del pop con dos espectáculos que rindieron culto a la excentricidad y la reinvención. Y la diversidad sonora se mantuvo con propuestas como Heartworms, Alice Phoebe Lou, Makaya McCraven o L’Impératrice, que ofrecieron momentos de intensidad, baile y experimentación.



















