Enrique Rey: “En Instagram es verano todo el año”

El periodista y escritor Enrique Rey nos presenta Melón con jamón un libro fresco, reflexivo y lleno de recuerdos compartidos en el que el autor intenta lo más díficil: captura por escrito toda la energía del verano.

18 junio 2026 ·
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Foto vía el autor

El verano y el tiempo de vacaciones nos ha dado algunos de los mejores recuerdos de nuestra vida, con muchas o pocas posibilidades económicas, ¿quién no recuerda las mañanas pegadas a la tele viendo H2O o Phineas y Ferb o bañándose en una piscina sea prestada, municipal o propia?

Enrique Rey, periodista y escritor, madrileño afincado en Murcia, nos trae recién salido de la neverita Melón con Jamón, editado por Temas de hoy, un libro con el que nos traslada precisamente a esos recuerdos, a ese verano que amamos y que siempre suena bien en nuestra cabeza, pero también hace un repaso por la historia para saber cómo llegamos a tener vacaciones, cómo la playa pasó de ser algo monstruoso y asqueroso a algo tan deseable y demandado. Sin duda nos invita a sumergirnos en el gran tema de nuestra vida y por el que giran tantas horas de trabajo (de pie o sentado) con la promesa de acabar siempre un par de semanas descansando al sol.

Cuando empezaste a escribir el libro, ¿qué querías capturar exactamente del verano?

Quería captar ese entusiasmo, esa energía, esa vibración en el aire que hay en la noche de San Juan. Y también la idea de que el verano es una locomotora que tira de nosotros hacia no se sabe muy bien dónde. Una locomotora que tira de España entera, de su economía, de sus infraestructuras, de su política.

A lo largo del libro hablas mucho sobre la adolescencia y esos veranos que nos marcan. Solemos pensar mucho en todos los veranos en los que fuimos más joven que ahora. ¿Crees que estamos perdiendo algunas de esas experiencias que teníamos cuándo éramos más pequeños?

Uno de los mensajes del libro es que el verano, como tantas otras cosas, se está fragmentando. Estamos entrando en una situación de veranos más particulares, en los que cada uno elige su experiencia veraniega o, según sus condiciones económicas y laborales, vive un verano u otro. Creo que hace un par de décadas todos los veranos se parecían mucho y ahora empiezan a parecerse cada vez menos entre sí.

Hablas de cómo el verano se está desestacionalizando. ¿Qué crees que quedará en el futuro?

Es un poco esto de que en Instagram es verano todo el año. Hay playas paradisíacas todo el año, bikinis todo el año y nadadores todo el año. El verano, por un lado, se vuelve más complicado para las mayorías porque cada vez es más caro y más inaccesible, pero por otro lado, como mito, está más presente y tiene más fuerza que nunca. Sigue generando ilusión, sigue generando contenido y sigue funcionando como una promesa. Hay una paradoja, a medida que crece el verano como imaginario, se vuelve más difícil acceder a él. Y además cada vez ocupa más territorios y más momentos del año. De repente Madrid también parece una ciudad veraniega, aunque no esté junto al mar.

“Las vacaciones ahora también imitan la producción: Te vas de viaje, pero tienes que cumplir un horario estricto, ir haciendo check en distintas experiencias y visitas”

Da la sensación de que las vacaciones cada vez se parecen más a una lista de experiencias que hay que completar. Viajes, restaurantes, excursiones, fotos... ¿Hemos acabado trasladando ese afán de producción a nuestro tiempo libre?

Hay una cosa muy curiosa y es que las vacaciones ahora también imitan la producción. Tú te vas de viaje, pero tienes que cumplir un horario estricto, ir haciendo check en distintas experiencias y visitas. Y luego, de alguna manera, todos participamos de esa publicidad de la industria del turismo. Subimos stories, compartimos consejos y buenos momentos. Antes un hotel tenía que pagar un anuncio y a un fotógrafo profesional, ahora nosotros estamos haciendo también el trabajo de publicistas de la industria turística.

Muchas veces leemos noticias sobre destinos saturados, sobre ciudades que están empezando a limitar la llegada de visitantes o sobre comunidades que muestran cierto rechazo al turismo masivo. Y, sin embargo, cuando se trata de un lugar con el que sentimos una conexión especial o que llevamos años soñando visitar, la reacción suele ser otra. ¿Por qué nos cuesta tanto reconocernos dentro de esa misma figura del turista que criticamos?

Claro. Hay una idea muy habitual, el turista siempre es el otro. La pregunta de quién tiene derecho a estar dónde me parece un dilema ético muy difícil de resolver. ¿Tengo yo derecho a ir a ver el Taj Mahal? No lo sé. ¿Tiene una alemana derecho a gastar el agua de Mallorca? Tampoco lo tengo claro. Pero tampoco tengo claro que no lo tenga. Desde luego, tiene derecho a estar en un sitio quien va para mejorar sus condiciones de vida, pero cuando hablamos del turista la cuestión se vuelve mucho más complicada. Es un dilema ético irresoluble. Se pueden medir impactos, consumo de recursos o beneficios económicos, pero la pregunta de fondo sigue siendo muy difícil de responder.

Hablemos del descanso, hay gente que después de una semana sin trabajar dice que se sube por las paredes. ¿Te sientes identificado?

La aceleración del tiempo hace que nos acostumbremos a ese ritmo y que no sepamos estar sin muchísimas tareas. Lo que sí está desapareciendo es ese tiempo lento del verano, que hace que las horas se alarguen, que las tardes sean infinitas, que las siestas sean perezosas. Incluso la industria del turismo vende descanso en forma de retiro, pero también experiencias, deportes y actividades. El tiempo del aburrimiento parece que sí está desapareciendo.

La playa parece uno de los pocos espacios de ocio que todavía no exige necesariamente consumir para disfrutarlo. ¿Crees que conserva algo de ese carácter democrático o también está cambiando?

El imaginario dominante del verano sigue siendo uno de los pocos imaginarios que quedan más propios de las clases populares. El verano de masas se sigue representando bajo el imaginario de la sombrilla y la nevera de playa cuando todo lo demás busca ser aspiracional o exclusivo. Incluso en la televisión o en la publicidad, la experiencia veraniega sigue apareciendo como una experiencia colectiva. Y en España tenemos además una ventaja enorme: las playas son públicas gracias a la Ley de Costas. En Italia, por ejemplo, no ocurre lo mismo. Eso hace que todavía conservemos uno de los pocos espacios verdaderamente compartidos que quedan.

“El verano de tu vida son unos cuantos días buenos a lo largo de un montón de veranos”

¿Crees que todavía es posible vivir un verano increíble después siendo ya adultos o idealizamos demasiado los veranos de juventud?

Yo creo que el verano es una especie de promesa que nunca acaba de cumplirse. El verano imaginado es una recopilación de los mejores momentos de muchos veranos distintos. Entonces ese mito del verano de tu vida no existe. El verano de tu vida son unos cuantos días buenos a lo largo de un montón de veranos.

¿Has estado cerca del verano de tu vida o sientes que está por llegar?

Yo creo que si ha tenido que ser ya ha sido. He tenido veranos muy buenos. He sido muy afortunado. He tenido amistad, aire libre, mar, barcos, viento. Y además conocí a mi novia actual durante un verano, una noche de verano. Casi todas las cosas buenas de mi vida me han llegado en verano.

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