Su propuesta va bastante más allá. Aquí no encontrarás una versión rápida o comercial de Italia, sino una cocina profundamente conectada con Abruzzo, una región menos conocida para muchos, pero fundamental para entender algunas de las recetas más auténticas del país.
En un momento donde muchos restaurantes parecen obsesionados con reinventarlo todo, Trebbiano hace justo lo contrario. Recupera el valor de cocinar bien, respetar el producto y entender la tradición como algo vivo. El proyecto nace de los hermanos Maurizio y Stefano Ruggeri, italianos de origen y con una idea bastante clara: traer a Madrid esa cocina que se recuerda más por cómo te hace sentir que por intentar sorprenderte constantemente.
Y quizá ahí está lo interesante. Entrar en Trebbiano no se siente como descubrir una tendencia nueva. Se parece más a encontrar ese pequeño restaurante italiano al que sabes que vas a querer volver bastante pronto.
Una carta que viaja directamente al corazón de Italia
Al frente de la cocina está Andrea Palma, chef originario del mismo pueblo que los fundadores y encargado de construir una carta donde la técnica y la memoria van completamente de la mano. La propuesta arranca con platos muy ligados a Abruzzo, como las tradicionales Pallotte cacio e ova, elaboradas con queso pecorino y salsa de tomate, un plato sencillo… pero de esos que resumen perfectamente lo que significa comer bien sin necesidad de artificios.
Las pastas tienen un papel protagonista y, además, se elaboran artesanalmente dentro del propio restaurante. Aquí aparecen clásicos impecablemente ejecutados como el cacio e pepe, una carbonara fiel a la receta romana original o unos tagliatelle al ragú cocinados a fuego lento que remiten directamente a la cocina italiana más tradicional. Todo se siente muy medido, muy limpio, sin excesos innecesarios.
Sin embargo, Trebbiano también deja espacio para propuestas algo más sofisticadas. Hay risottos con boletus, pasta rellena de ossobuco con trufa negra o linguine con bogavante que elevan la experiencia sin perder nunca esa esencia de cocina honesta que define toda la carta.
Más que un restaurante italiano, una experiencia construida desde el origen
La experiencia no termina en el plato. Uno de los espacios que más llama la atención dentro de Trebbiano es su gran vinoteca central, donde conviven referencias italianas y españolas cuidadosamente seleccionadas para acompañar el menú. A eso se suma una propuesta de coctelería bastante personal, con combinaciones que conectan directamente con las raíces italianas del proyecto y aportan un cierre distinto a la experiencia.
El propio nombre del restaurante ya explica bastante bien su filosofía. Trebbiano hace referencia a una variedad de uva muy característica de Abruzzo y funciona como un pequeño homenaje a la tierra de la que provienen sus fundadores. Todo gira alrededor de esa idea: cocinar desde el origen, respetar el producto y construir algo con identidad propia en una ciudad donde cada semana parece abrir un restaurante nuevo.
Con dirección en pleno barrio de Salamanca, en Príncipe de Vergara 4, Trebbiano se posiciona rápidamente como un lugar a tener en el radar si buscas cocina italiana real, bien ejecutada y sin concesiones.












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